Comparan el desastre de Aznalcóllar con la extinción masiva del Cretácico
Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) han comparado el desastre del vertido de Aznalcóllar en el Parque Nacional de Doñana (Andalucí a), hace 11 años, con la mayor extinción de especies conocida hasta ahora. ¿Qué tienen en común estos dos desastres? Según los cientí ficos, este tipo de comparaciones permite averiguar cómo se recuperan los ecosistemas después de una extinción masiva.
Hasta ahora los cientí ficos estudiaban el registro fósil para analizar la respuesta de los organismos a los grandes cambios ambientales del pasado, como la extinción masiva de especies en el Cretácico (hace 65 millones de años) y su posterior recuperación.
Ahora un equipo de cientí ficos de UGR propone una metodologí a diferente: «Otra manera de abordar el tema es partir de la comparación con catástrofes actuales que también ha implicado un cambio brusco en el medio ecológico, y que, por tanto, han tenido gran incidencia en los organismos», explica a SINC Francisco Javier Rodrí guez-Tovar, autor principal del trabajo e investigador del Departamento de Estratigrafí a y Paleontologí a de la UGR.
El estudio, publicado recientemente en la revista Geobiology, partió de «uno de los peores desastres ambientales ocurridos en Europa occidental en las últimas décadas».
La ruptura de la mina de pirita de Aznalcóllar, en el Parque Nacional de Doñana produjo el 25 de abril de 1998 un vertido de cuatro millones de metros cúbicos de agua ácida y un millón de metros cúbicos de material de desecho con altas concentraciones en elementos tóxicos que afectaron a más de 4.500 hectáreas de los rí os Agrio y Guadiamar y las tierras de alrededor.
Los investigadores analizaron en detalle la evolución de la contaminación de Aznalcóllar y la respuesta de las comunidades vegetales y animales tras el evento, a partir del estudio de los suelos que se habí an visto afectados. «La comparación con lo que ocurrió hace 65 millones de años podrí a ayudar a la mejor interpretación del evento del pasado», apunta Rodrí guez-Tovar.
Las similitudes son obvias: impacto súbito, altos niveles de componentes tóxicos, y existencia de una capa contaminada que cubrió el área afectada. Sin embargo, el cientí fico recuerda algunas de las diferencias más importantes como la recuperación tras el impacto que fue «mucho más rápida tras el desastre de Aznalcóllar», y el área implicada que fue «de escala mundial en lo que respecta al evento del lí mite Cretácico-Terciario», asegura Rodrí guez-Tovar.
En busca de rastros de vida
Gracias a las capas de lodo que no se habí an retirado de Doñana, los cientí ficos pudieron hacer diversos experimentos. El análisis geoquí mico demostró que «la contaminación aún es importante, con altas concentraciones de elementos tóxicos, y altos valores de acidez», subraya el paleontólogo. Pero menos de diez años después del desastre, los cientí ficos reconocieron rastros y hormigueros realizados por Tapinoma nigérrima, una especie con un carácter agresivo y un comportamiento oportunista. «Llegamos incluso a encontrar larvas de la hormiga justo bajo la capa de lodo altamente contaminada», confirma el experto.
El carácter oportunista, la agresividad, y la alta independencia de esta hormiga ha sido comparada con las del organismo generador de Chondrites, una traza fósil que los cientí ficos han registrado cerca de la capa roja relacionada con el cráter en Chixulub (México) generado por el impacto del meteorito que produjo la extinción en el Cretácico-Terciario. Los estudios icnológicos (sobre trazas fósiles) previos demuestran que «el organismo generador de Chondrites habitó el substrato inmediatamente después del evento, gracias a su carácter oportunista y a su alta independencia de las condiciones del mismo», especifica Rodrí guez-Tovar.
A partir de los datos sobre trazas fósiles y de la comparación con desastres actuales, los cientí ficos han podido demostrar que «el inicio de la recuperación de la comunidad tras la extinción en masa debido al impacto ocurrido hace 65 millones de años fue comparativamente rápido, posiblemente en el orden de los centenares o miles de años», concluye el paleontólogo.
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