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Somos más sensibles a las catástrofes porque nos aterra quedarnos solos

Los hombres mostramos más temores ante una catástrofe que deja 100 muertos que ante una que deja 10, aunque haya sido en nuestro entorno. ¿Qué mecanismo es el que produce este efecto? Una investigadora de la Universidad de Granada y otra del Instituto del Desarrollo Humano de Berlín ha llegado a la conclusión de que somos más sensibles a aquellas tragedias en las que el número de muertos es similar al de nuestro círculo social.

En este sentido, estudios sociológicos son unánimes al señalar que el número de personas de los círculos sociales, incluyendo familiares, amigos y conocidos, es de entre 100 y 150 personas. Así, identificamos instintivamente a los 100 muertos de una catástrofe con los 100 de nuestro círculo social, y ponernos en la situación de quedarnos solos en el mundo nos aterra.

En este sentido, las investigadoreas señalan, en un artículo publicado en PLoS One, que solemos ser sensibles a desastres naturales, accidentes de avión o epidemias mortales, pero no a algo tan frecuente como accidentes de tráfico o errores médicos. Una de las explicaciones que dan las científicas es el propio desarrollo evolutivo. En el Paleolítico, si un miembro de un grupo (más reducido) se quedaba solo, tenía muchas menos posibilidades de sobrevivir, ya que esto implicaba quedarse solo durante días y no tener ayuda para buscar alimentos y caza.

Uno de las conclusiones a las que llega el estudio es que los miedos a las pérdidas no tienen que ver con el tamaño de la ciudad en la que viva el participante, a pesar de que aquellos que residen en localidades pequeñas tienen técnicamente una mayor posibilidad de perder a todo su círculo social que aquellos que viven en grandes ciudades.

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