La cata de vino primero, más tarde la de aceite y, recientemente, la de agua ocupan un lugar destacado en las actividades tendentes a evaluar sus calidades y, en suma, a promocionar sus consumos.
La cata de aguas mineromedicinales constituye una novedad. Con esta actividad no se busca que el catador diferencie los diversos tipos de aguas envasadas, sino que el público aprenda a identificar las propiedades medicinales de unas aguas que, por su sabor, se pueden diferenciar con mucha facilidad.
El marco del curso Agua, hidratación y salud, organizado en Lanjarón por el Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada, ha sido escenario hoy (15-VII-08) de una especial cata por parte de los más de 40 alumnos asistentes al mismo.
Los estudiantes, gente muy joven para un entorno de ciudad balneario, han probado cinco tipos de aguas mineromedicinales. Cada una de ellas con cualidades de sabor muy diferentes, asociadas a propiedades terapeúticas o preventivas beneficiosas para la salud.
El Prof. Francisco Maraver Eyzaguirre (Universidad Complutense) ha dirigido una cata, en la que ha destacado que las aguas minero medicinales son soluciones difícilmente reproducibles artificialmente, dotadas de peculiaridades propias sobre el organismo humano sano o enfermo, gracias a su estructura y a las sustancias que porta en disolución o en suspensión.
Aguas del cielo y del infierno
En el caso de Lanjarón, Maraver ha señalado que las propiedades de sus aguas, únicas por su variedad, son producto del cielo y del infierno: el agua de la nieve de Sierra Nevada y los minerales de una zona geológicamente muy inestable, una falla producida por el choque de plataformas continentales.
El agua mineromedicinal es consecuencia directa de las rocas que atraviesa hasta su punto de emergencia y su mineralización depende de la temperatura y presión del lugar dónde ocurre la mineralización; de las sustancias minerales que encuentran a su paso, y los gases disueltos que pueden modificar el PH y RH de las mismas. Consecuencia de ello es que los efectos terapéuticos de las aguas minero medicinales se alcanzan, en su total plenitud, a pie de manantial en el origen del mismo, donde el agua se manifiesta con todas sus propiedades y características.
La cata: cura en bebida
El método más antiguo y sencillo de tomar las aguas es beberlas. La hidopínica o cura en bebida se remonta en todas las civilizaciones a la noche de los tiempos. Dos son los tipos de agua que se ingieren habitualmente, las diuréticas, de escasa mineralización, y las digestivas, entre las que destacan las bicarbonatadas, carbogaseosas, cloruradas, etc.
Las aguas que los estudiantes han aprendido a diferenciar en la cata se corresponden con las variedades señaladas.
– MANANTIAL CAPUCHINA: Depurativa. Mineralización fuerte, bicarbonatada, clorurada, sódica y cálcica.
– MANANTIAL SALUD I. Digestiva. Mineralización débil, clorurada, sódica-magnésica, cálcica, bicarbonatada y carbogaseosa.
– MANANTIAL SALUD II. Facilita la digestión. Mineralización media, clorurada, sódica, cálcica, bicarbonatada y carbogaseosa.
– MANANTIAL CAPILLA. Facilita la digestiva y estimula el apetito. Mineralización media-baja, clorurada, sódica, cálcica, bicarbonatada y carbogaseosa.
– MANANTIAL SAN VICENTE. Diurética. Mineralización débil, bicarbonatada y cálcica.
Hidratación, limpieza de riñones, estómago, tracto intestinal: los estudiantes han finalizado la cata con la visita a los aseos, siempre próximos a las fuentes, y con el hambre producto del lavado interior.



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