La rotura de un muro de contención de las minas de Aznalcóllar provocó una de las catástrofes ecológicas más importantes que ha vivido España en estos últimos años. El vertido se cifró en un total de 2 millones de metros cúbicos de lodos tóxicos y otros 4 millones de agua ácida y llegó a poner en peligro el Parque Natural de Doñana.
Un grupo de científicos de la Universidad de Granada ha trabajado, junto a otros expertos de distintas universidades españolas y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, evaluando el daño que provocó el vertido en los suelos de la zona, que tras el accidente se contaminó con metales pesados tales como arsénico, plomo, zinc, talio, cobre o cadmio.
El equipo de científicos, coordinado por el profesor José Aguilar Ruiz (Dpto. de Edafología y Química Agrícola), se integró en el PICOVER (Programa de Investigación del Corredor Verde del Guadiamar) constituido por la Junta de Andalucía a raíz del desastre. En concreto, la línea de actuación que han desarrollado dentro del programa es la que gira en torno al seguimiento, control y remediación de la contaminación.
El método que apuntan los técnicos para una mejora de los suelos de la zona es la técnica del bloqueo consistente en la adición de determinadas sustancias con el fin de anular la acción de los elementos contaminantes y, por lo tanto, de su acción tóxica.
“Los dos materiales que más bloqueaban el efecto contaminante de los metales pesados que contenía el suelo eran, por una parte, el carbonato cálcico y, por otra, el óxido de hierro”, apunta el profesor Aguilar.
Lo que tiene de novedoso el uso de estos materiales es que ofrecen la posibilidad de reciclar los residuos procedentes de otras industrias y utilizarlos como descontaminantes, ya que el carbonato cálcico está presente en materiales residuales tales como la pasta de celulosa, los lodos de depuradoras o la espuma azucarera.
Por sus características, el encalado es la práctica de remediación más común en los trabajos de recuperación de los suelos afectados por el vertido de las minas de Aznalcóllar. El efecto que ejerce sobre los suelos es la elevación del pH que tiene que estar repartido de una forma homogénea por todo el volumen del suelo. Para ello, se debe añadir en pequeñas dosis y hasta una profundidad mínima de 25 cm. Junto a esto hay que llevar a cabo una continua remoción del suelo con el fin de destruir las cubiertas de hierro y aluminio que se forma sobre su superficie.
El estudio ha tenido gran repercusión social y científica y ha sido publicado en varias revistas científicas internacionales, entre ellas, Geoderma, Enviromental Pollution, The Sciencie of total Enviroment o Water, Air and Soil Pollution . En él, han participado todos los profesores que forman el Departamento de Edafología y Química Agrícola.
Información: Prof: José Aguilar Ruiz (Dpto. de Edafología y Química Agrícola).
Tlfn:958243393 / 958248537
Correo e: aguilar@ugr.es